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¿Enfermos mentales o canallas?
Mucha gente duda a la hora de atribuir enfermedad mental o maldad a los actos humanos. Esa inseguridad frente a noticias escabrosas, siempre están avaladas por psicólogos o psiquiatras. Escribo esto para sacar de dudas al lector no especializado en estas materias y lo hago diciendo que al igual que en otras profesiones, en el estudio del comportamiento humano, también se dan cretinos. Un psicólogo necio, frente a cualquier manifestación de maldad, solo ve enfermedad, con lo cual, libera de responsabilidad a la persona que realiza el acto, aunque sea contra la vida de los demás. Son, como digo, profesionales de tercera fila, porque de aceptar sus postulados, nos encontraríamos en la necesidad de admitir que el mal en la condición humana no existe.
Ahora voy a mostrarles unos ejemplos tan evidentes que no necesitan más explicación: Si una persona jugando con fuego se quema, siente un gran dolor e inmediatamente empieza a pensar en la mejor manera de quemar a otros. No es un enfermo, es un canalla. Si una persona manejando un machete se corta y siente gran dolor y al poco, o no tan pronto, empieza a pensar en la mejor manera de acuchillar a otros. Como por ejemplo, en un instituto. No es un enfermo, es un canalla. Si una persona frustrada que vive a disgusto, busca la mejor manera de producir el mal que él siente en otros, como estrellar un avión, por ejemplo. No es un enfermo, es un canalla. Si una persona decide hacer a los demás lo que más le asusta a él. No es un enfermo es un canalla. Si una persona es capaz de calcular con días y hasta meses de antelación, un homicidio. No es un enfermo, es un canalla. Sin necesidad de ir a los extremos, puedo decir que: Si una persona de niño fue maltratada, sufrió por ello y en cuanto puede forma una familia y maltrata a sus hijos, no es una pobre víctima como dicen los psicólogos, sino un canalla. Si una persona te produce un daño que a él le rinde un beneficio, de la índole que sea, no es un enfermo, es un canalla. Si una persona con dinero de sobra roba a los que tienen menos, no es un cleptómano, es un canalla. Si una persona es realmente altruista, con bondad de todos reconocida, nunca tendrá un brote psicótico de hacer mal a otros. Ese es el cuento de Caperucita que nos cuentan algunos psiquiatras. Si una persona lanza rumores infundados para hundir la reputación de otros cuyo objetivo evidente es la envidia, no es un trastorno de la personalidad, es maldad. Si una persona sin pruebas decide hacer daño a otra, porque él así lo cree, no es un esquizoide, es un mal nacido, por no decir otra cosa. Si una persona exige obediencia ciega a sus familiares, en contra incluso de cualquier ética, no es una persona esquizofrénica, es un tirano maligno. Si una persona supeditada a cambios emocionales decide que debe hacer daño a otra y cuando se le explica la verdad ni se disculpa ni se siente avergonzada, no es alguien con trastorno emotivo, es sencillamente una mala persona.
Una persona con trastorno mental, igual podría hacerte un regalo o ser amable contigo, pero, esto es lo que menos abunda, así que, uno se pregunta si no se esconde el mal, detrás de esa justificación de enfermedad que psiquiatras y psicólogos han enquistado en nuestro mundo. No se dejen engañar por esta sociedad tan hipócrita, si una persona tiene inteligencia normal o superior a la media, está capacitada para discernir entre el Bien y el Mal.
Adolfo Cabañero psicopedagogo y profesor de yoga |
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