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Esclavitud Humana

 


Relaciones afectivas

Entendemos por relaciones afectivas, todas aquellas relaciones de agrado, que terminan siendo importantes para nuestra vida. El mundo de la pareja, la familia, y la amistad, son relaciones afectivas. Si hubiera que definirlo en muy pocas palabras, diría que las relaciones afectivas, se realizan en personas importantes para nosotros. Toda relación es bidireccional, es decir, que nuestro afecto hacia otra persona, es correspondido en igual manera. Al menos esta es la definición idílica del mundo de los afectos. Querer, amar, acariciarse, decirse cosas amables, favorecer a otro, son evidencias de una relación afectiva.

Realidad afectiva.

La realidad afectiva no es tan agradable como se ha descrito, psiquiatras y psicólogos, atienden a un gran número de personas afectadas por desgracias que les llegan de este tipo de relación. Recordemos los malos tratos conyugales, los abusos de padres sobre sus hijos. También el desprecio entre hermanos, la discriminación afectiva de unos padres por su hijo, y mil maneras más. Entre los muchos daños que pueden llegar de la familia, aparecen los complejos al haber incidido los progenitores en la incapacidad de sus hijos. En la frustración que siente el hijo, por no llegar a las espectativas que los padres han dispuesto para él. Hijos enfermos, o drogadictos, o con malas conductas, son problemas terribles para sus padres. Envidias entre hermanos, e injusticia, son, sólo parte de todo el entramado psicológico que puede afectar negativamente a la convivencia en familia. En la amistad, se dan mucho menos estos problemas, sin duda, porque el individuo elige sus amigos. Con excepción de los desengaños amorosos.

Podríamos decir, que las relacionesa afectivas hacen reir y llorar, son tiernas y bruscas, protegen y atacan, acarician y golpean. ¿Se podrían mejorar?. Sin duda alguna, por la misma razón que toda persona se puede perfeccionar y si las personas buscan ser cada vez más justas y altruistas, sus relaciones sentimentales, serán más estables y cordiales.

Diferencia entre Querer y Amar.

Querer y amar no son sinónimos. Decimos, quiero este coche, o aquel reloj, pero no decimos amo este coche o ese reloj. La palabra querer, tiene dos funciones, se usa para indicar lo que queremos poseer y también para los seres humanos. La palabra amar, es exclusiva a lo humano y también, a entidades vivas, como animales o plantas.

Ya estamos viendo, que querer tiene acepción de poseer, y así es en efecto, hay personas que no saben amar, sólo querer, pueden dar su afecto a otros, pero sólo a condición de que ellos reciban su parte. El que ama, no busca un trueque, sino dar. Ama y le gusta hacerlo, sin esperar nada a cambio, mientras que el que quiere, tiene un tipo de relación comercio-afectiva. Da cinco y espera recibir lo mismo. Así que podemos decir que el que ama, es más altruista, mientras que el que quiere, aún conserva buena parte de egocentrismo. Querer siempre tendrá un matiz de posesión, mientras que el amor es libertad. El que quiere, toma y a veces da, el que ama, siempre da.

La desdicha del querer

Los problemas que surgen de las relaciones afectivas, están ligados sobre todo, a las personas que no han conseguido elevarse al nivel del amor. Frases como el de esa madre que se lamenta diciendo: Con todo lo que he hecho por mi hijo y así me lo paga. Es un indicativo del querer, da, pero exige que se le devuelva en la misma proporción, o más o menos, esto ya se relaciona directamente con el mayor o menor egoismo de las personas. Dentro de las recriminaciones de pareja se oye frecuentemente esto: Te he dado lo mejor de mi vida, y ¿qué he recibido a cambio?. O entre amigos, cuando hoy día se dice: Me debes una. Y si pensamos en formar una familia, se oye mucho eso de: Formar una familia para tener algo propio. Mis hijos. Mi hermano. Mi amigo. Este mi, es posesivo, y mientras lo siga siendo, habrá problemas.

Miremos ahora hacia el mundo de la pareja, los celos, tan corrientes, son una evidencia de posesión, el que tiene celos, es porque considera suya a la otra persona. Por desgracia muchos celos acaban en tragedia. La agresión física y verbal de los celos, surge cuando la persona que los padece, cree, que está en su derecho de hacer daño al otro. Se siente agraviado, por que algo que es suyo, piensa por su cuenta, o bien, por no aceptar unas normas impuestas por él. Y respecto a la llamada infidelidad, sin duda alguna nuestra sociedad, da más valor al hecho físico, que al espiritual. Una infidelidad física, sería el acto sexual, mientras que la infidelidad espiritual, resultaría ser el trato diario, indecoroso, o cruel. En la infidelidad sexual, se dan la mayor cantidad de agresiones e incluso muertes, que en la otra forma. Si ahora pensamos un poco, veremos que la infidelidad sexual, no produce ninguna lesión si el que la recibe, ni siquiera se entera. ¿Cómo puede ser algo tan dramático que dependa únicamente de que la persona se entere?. ¿No es mil veces peor, la infidelidad espiritual, donde la pareja, en vez de amarse, se odia?. Lo que más odia, -sobre todo el hombre-, es que utilice el cuerpo de su pareja, otro hombre. No llega a pensar en esos momentos si su mujer le ama o no, le trae sin cuidado, sólo le amarga el hecho de que otra persona haya conducido su coche.

Dentro del seno familiar, se programa a sus miembros para ayudar y amar a los padres y hermanos. Lo de amar, es un intento, pues no es posible decir a los demás a aquien se debe o no amar, pero sí inculcar la idea de a quien debes ayudar. Esto se hace, como digo, año tras año, trabajando la mente de alguien que se está formando. Sería una buena cosa si no hubieran olvidado algo fundamental, y es, que fuera de la familia, también hay seres humanos, a los que les gusta ser ayudados de vez en cuando. Sí, hay muchas familias que están muy unidas, pero luego, en la sociedad, son como lobos. El clan familiar y su fuerza, es pre-social, y se daba en tiempos ancestrales, cuando el mayor número de miembros de una familia le daba poder sobre otras. Grandes familias creaban clanes y éstos solían detentar el poder, al ser mayor su número.

Amor y Libertad

El amor te hace libre, mientras que el querer te encadena. La persona que ama, va a dar, esto significa que da cuando lo desea y a quien le apetece. La persona que sólo sabe querer, depende de otros para recibir, y como además juzga si lo que se le da, es lo que él merece, se encuentra sujeto a personas y situaciones ajenas a su voluntad, por lo tanto, no controla, ni puede controlar su vida sentimental.

Nuestra sociedad es responsalbe de la falta de amor, ya en la institución del matrimonio, muchas parejas entienden mal su significado. Cuando aparecen los celos, o no, se oye habitualmente un ultimátum:....o el/ella o yo. Quien pronuncia esta frase se siente apoyado por la sociedad, y con la cabeza bien alta, cree estar en su derecho, cuando lo que está haciendo, es una barbaridad, está pidiendo a su pareja que ame a una sola persona, cuando debería saber que lo que diferencia a un gran ser del que no lo es, es su capacidad para amar a los demás. Hay personas que necesitan acaparar el amor y en su ignorancia, no saben el enorme daño que se hacen ellos y el que pretenden hacer al otro. Si como vemos, dentro mismo de la familia, se permite amar a personas de distinto sexo, por qué luego en el mundo de la pareja se desaprueba esta relación. Por el sexo. Por no saber de quien son los hijos. Así, cuando el esposo se entera que algunos de sus hijos, no son suyos, pide el divorcio y se siente muy, muy traicionado. Si a su hijo le amaba, la cosa no cambia, pero eso sí, alguien lo enjendró y no fue él. Hipocresía social, si el acto sexual fuera un hecho desagradable, muchos de estos hombres se sentirían satisfechos con que otro hubiera engendrado sus hijos. Todo es, como vemos, parte de lo mismo, gratificarse, pedir, y obtener.

Cuando una persona ama, no se siente decepcionado si no recibe, por lo tanto, no se amargará con disgustos de esta índole. Si un hombre o mujer viera que su pareja es feliz por la aparición de una tercera persona, no se opondría. La sociedad le llamaría cornudo y cosas peores, pero, el que ama, como solo busca el beneficio del otro, estaría reaccionando como debe. Esto no quiere decir, que el que ama, sea un tonto, a quien se le puede tomar el pelo, es todo lo contrario, para llegar a este nivel ético, hay que ser más inteligente y sabio que el que sólo quiere. Quien deja a las personas en libertad, sin pasarse a pensar en contratos matrimoniales, ni en cláusulas anexas, es libre y hace a los demás libres,. Quien siempre demanda afectos o cosas a los otros, es un esclavo, que sufre, por su inferioridad y de paso, busca esclavizar a los otros. Se puede decir, sin riesgo de equivocación, que quien ama, es libre, y hace a los demás libres, mientras que el que quiere, él mismo se esclaviza por su dependencia y de paso, exige a los demás una conducta igual.

Los seres humanos nacen para ser libres, pero ellos mismos se encadenan, con sus defectos. El hecho de reconocer la libertad en los otros, debería de ser suficiente para no intentar poseer personas. La esclavitud no ha desaparecido, ni desaparecerá hasta que las personas dejen de poner normas a los otros, normas por ellos creadas que les confiere poder para manejar. Manipular, controlar, someter, todo son lo mismo, formas de posesión.

Es un hecho demostrado, que las personas que aman, tiene más éxito en sus relaciones sentimentales que aquellos otros que sólo quieren.

La capacidad de amar es una de las partes más nobles del mundo espiritual, las otras son la fortaleza y la sabiduría. Pretender, como hace nuestra sociedad inhibir el amor, es un acto de barbarie. En un mundo civilizado, y me refiero con ello, al desarrollo espiritual y psicológico, no únicamente al crecimiento tecnológico, el amor sería libre, de hecho, pensar en el amor como algo no libre, es pensar en el querer, del cual, ya hemos hablado.

Visto desde otro ángulo podría decir que dentro mismo del desarrollo espiritual de la persona, se pasa del más puro egocentrismo, al altruismo. Un egocéntrico no puede amar, pero un altruista, sí.

 

Adolfo Cabañero

psicopedagogo y profesor de yoga