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LA ISLA LUMINOSA

 

Cuando el cuerpo yace relajado, descansando de los trabajos diurnos, el espíritu y la mente siguen en plena actividad, corretean libres a través del mundo onírico sin las trabas que la vida de este lado les impone. Como si tuvieran un pie en cada lado, a veces, se encuentran en un misterioso tramo que une el mundo denso en el que habita nuestra consciencia, con el otro más sutil y ligero, el de los sueños, Son estados de duerme-vela en los que, en ocasiones y con gran nitidez, llegan a nuestra mente, pensamientos, imágenes e incluso secuencias de acciones que nos impactan.

Encontrándome en un estado semejante, sentí con claridad el aislamiento que sufren los Maestros y los Sabios. Esos seres extraordinarios que tratan, con su esfuerzo, de aportar bienestar a nuestras vidas, con la finalidad de que la humanidad avance y vaya adquiriendo cada vez metas más altas. Trabajan por y para los demás sin pensar en beneficios propios, generalmente rodeados de soledad, indiferencia e incluso el desprecio y la agresión de una parte de los que les rodean.

La imagen llegó muy clara, el sabio era una isla brillante como un Sol, rodeada de un oscuro y sucio mar negro. El agua, formada por un aluvión de seres diminutos y negruzcos que semejaban hormigas juntas y apiñadas, se mostraba como una gran masa renegrida, de individuos que danzaban, llevados por el oleaje, siguiendo todos el mismo son. Entre la Isla Luminosa y las tenebrosas olas, había una franja algo más clara, formada por un grupo de seres que trataban de disgregarse de esa marea, acercándose a la luz.

¿Por qué, pensé, la ciénaga oscura evita por todos los medios la claridad y no quiere acercarse a ella?, ¿por qué la rehuye y prefiere sumergirse en esa masa negra, burda y absurda?. La respuesta acudió prontamente:

Porque existe miedo a la diferencia. La Isla es distinta, más alta que ellos y está llena de luz, su pequeñez queda resaltada y eso no les gusta.

Tienen miedo a la luz. Su claridad los traspasa, dejando al descubierto lo que verdaderamente son, seres con defectos e iniquidades ocultas.

Sienten envidia. Ansían su claridad, mas no están dispuestos al esfuerzo que les exige el llegar a conseguirla.

Instalados en la comodidad, prefieren dejarse llevar por la marea, camuflarse en la masa, ser como todos y así eludir responsabilidades para con ellos mismos y para con los otros.

Cobijados en la ignorancia, postura cómoda de la que no quieren salir, siguen la consigna de “cuanto menos sepan, menos tienen que responder”.

No debemos olvidarnos de la imbecilidad, porque ante la posibilidad de acercarse a la luz y crecer, la evitan manteniéndose en un estado de quietismo o degradación.

Y siempre, la maldad está presente. A la hora de ejercer el mal y pasar desapercibidos, no hay mejor lugar para instalarse que la masa y sus coletillas, “todos tenemos defectos”.

Por todo ello, la masa odia, siente rechazo hacia los Seres Isla, que marcan la diferencia con su sabiduría, fuerza y bondad, por eso los temen, ignoran y si pueden, agreden y eliminan.

 

Alicia Cabredo


Un pensamiento saludable. Cuando vaya al médico, recuerde que las empresas farmacéuticas no son agrupaciones caritativas y que ya se han destapado muchos escándalos sobre su manera de anteponer el dinero a la salud. Pues bien, la única forma que tienen las farmacéuticas de seguir ganado millones, es por medio de los médicos.

Adolfo Cabañero


La Licencia de Primera Ocupación se basa en una Ley injusta. Todas las casas tienen dos caras, una la externa, que se comparte con los vecinos y sobre la cual es lógico que los ayuntamientos tengan autoridad, si se quiere mantener la estética del municipio y otra, la interna, que comunmente llamamos hogar, pues bien, ningún ayuntamiento tiene potestad ética para entrometerse en el hogar a dictar normas y reglas. Si esas normas no son aceptadas de inicio en el proyecto del arquitecto, no se concede la licencia de construcción y si la aceptas, luego no puedes negarte a la inspección, cuando vayan a medir y fotografiar, así que, lo veo como una coacción.

Adolfo Cabañero