| Aunque pensar es gratis, hoy día parece lo contrario
Los Gobiernos y las guerras. Desde hace milenios, Caciques, Reyes y ahora Políticos, han llevado a la guerra a los habitantes de su país, lo hacían hasta hace poco obligando a los indecisos o a los que pensaban por su cuenta. El caso, es que los que menos perdían eran precisamente los que no iban a la guerra, es decir, los que obligaban a que otros fueran. A esto, con palabras sencillas se le llama un gobierno canallesco, ya que no tiene inconveniente en sacrificar al pueblo en su propio beneficio. La guerra de Vietnam, fue la última donde legalmente se obligaba al ciudadano para ir a matar o morir. Los que iban, pertenecían a uno o varios grupos de los tres que voy a describir. 1º- Cobardes, ¿les sorprende?. Sí, pueden estar seguros que una parte de los que fueron a Vietnam lo hicieron por no tener la fuerza suficiente para enfrentarse a la opinión pública o miedo a ir a la cárcel o ambas a la vez y esto, señores, es cobardía o peor aún si esa persona pensaba que esa guerra era injusta. 2º- Necedad. Estarán de acuerdo conmigo, que aceptar por verídica toda la propaganda de unos políticos, como si fuera Dios quien les habla, los convierte en tontos. 3º- Maldad. No les quepa duda que la mejor manera de dar rienda a la vileza que algunas personas llevan dentro, es ir a una guerra donde se te brinda autorización para matar y hasta pueden darte una medalla. Si aún no están de acuerdo, les daré una exposición basada en la verdad y la justicia, nunca surgió de la boca de estos gobiernos, que, hay una diferencia gigantesca entre proteger tu país de una invasión, que ir a otro a matar a los que allí viven.
Estamos viendo una consulta médica, en la que se va a producir un drama, más para el paciente, pero también duro par el doctor, al tener que decir que no hay posibilidad de mejoría y que, ese cáncer, acabará con la vida de ese hombre, de sesenta años, en menos de tres meses. Deprimido, encontramos de nuevo en su casa a esta persona, que ha recibido una sentencia de muerte, todo a su alrededor se vuelve oscuro, como reflejo de una mortaja y así entra en un círculo vicioso, donde el sujeto en cuestión decide no hacer nada por salir de esa situación. Su hija le llama y visita, pero, no logra elevar su ánimo. A los quince días, viendo sin ver una película, oye la siguiente frase: es el miedo a la muerte lo que empequeñece a la gente. Como si fuera una luz que entrase en su alma, empieza a comprender el sentido mismo de su tristeza. Entonces, coge de lo alto de su armario una escopeta de caza le pone sus cartuchos y llama a su hija. Oye Ana-, los okupas que se quedaron con tu piso cuando estuviste de vacaciones y que te obligó a ti y tu familia a iros de alquiler, hace ya de esto un año, se van a ir. ¿Por qué lo sabes?, y su padre acariciando la escopeta le respondió, -porque estoy seguro de ello y colgó.
Hay excepciones en las que mentir evita una injusticia o un mal. Este ejemplo nos sirven para aclarar algo que en principio, parece una incongruencia. Un pederasta que ha violado varios niños y a uno estrangulado, como tiene mucho dinero ha evitado ser encarcelado. Una persona desde su ventana ve acercarse a ese engendro y atrapar a una niña de unos ocho años a la que empieza a violar, entonces, aparece el padre con un bate y le batea la cabeza hasta dejarlo mal herido. Después viene la policía y va piso a piso preguntando a los vecinos si han visto el suceso. La persona que describo miente y dice que no, para evitar la injusticia de que una persona inocente, -porque no hay nadie más inocente que un padre defendiendo a sus hijos-, sea juzgado y vaya a la cárcel.
El cuento de la democracia. Erase una vez, un grupo de codiciosos y granujas que buscaban adueñarse de un localidad de mil habitantes. Se reunieron y tramaron la mejor manera de llevar a cabo su proyecto. El que quería ser alcalde del lugar dijo: Según nuestros expertos este sitio está formado por 150 personas tan malas como necias, otras 150 inteligentes y buenas y el resto, ni lo uno ni lo otro, así qué, se me ha ocurrido que a los 150 malinecios, los podemos comprar y al grupo mayoritario, simplemente, los engañamos. Entonces uno de los asistentes dijo: ¡Ya!, y ¿qué hacemos con los 150 inteligentes y buenos?, a esos no los podemos embaucar. Eso es cierto, -respondió el futuro alcalde-, pero, tengo la solución. Todos quedaron mirando a su líder, ansiosos e incrédulos y éste les respondió: Vamos a instalar una Democracia, ya sabéis, eso de una persona un voto, de esta manera, las personas inteligentes y buenas, nunca podrán llevar a cabo sus ideas. Todos le aplaudieron.
Democracia. ¿Cómo ha podido la mayoría de los países demócratas, aceptar semejante fraude, con eso de una persona, un voto?. ¿Cómo pueden asumir, que la opinión de dos tontos valga más que la de un Premio Nobel, un filósofo, un científico, o en suma, la de cualquiera que haya hecho algo importante para el bien de nuestra sociedad?. La única respuesta es que esa mayoría esta formada por tontos, o vanidosos, o ambas deficiencias a la vez. Digo lo de vanidosos, porque los que instauraron la democracia sabían que al pueblo le encantaría que su opinión tuviera el mismo valor que la de esas personas que bien saben están ética e intelectualmente por encima de ellos. Teniendo en cuenta que en nuestro mundo hay más necios que inteligentes y ateniéndonos a eso de una persona un voto, los inteligentes no llegarán al poder. Puedo afirmar basándome en la política actual que la democracia es la causante del deterioro social.
Los personajes más conocidos de las series policiales de televisión, a lo largo de décadas, son Miss Marple, Poirot. Sherlock Holmes y Colombo. Son personajes famosos porque tienen ingenio. Sin embargo, su éxito no responde solo a lo más obvio, una buena parte de su éxito se debe a una zona irracional, que de alguna manera impacta en los lectores y telespectadores, rebajando la genialidad, a fin de que lector o televidente no sientan pequeñez ante esos genios. En nuestra sociedad una persona llena de atributos positivos no gusta, y es por eso que estos detectives tuvieron tanta aceptación, por ese punto débil que les acerca más a las personas corrientes. Veamos a Sherlock Holmes, va caminando con Watson y de una se agacha, coge un botón del suelo y mirándolo con lupa dice: Este botón pertenece a un abrigo que tiene nueve años y seis meses, quien lo lleva pesa ochenta kilos, se afeitó la barba hace cuatro días, su nombre es Antonio Pérez y su profesión la de contable. Entonces Watson dice: ¡Venga ya Jolmes!, cuéntale ese cuento a otro. Así es como me hubiera gustado a mi, pero… . Colombo, a quien se le puede nombrar como el policía más tacaño de la historia de las series policiales, dan ganas de darle unas cuantas monedas. Su gabardina que además de vieja siempre está arrugada, un coche que hoy día no pasaría la ITV. Algo irracional, ya que un teniente tiene un buen sueldo. Poirot, según su creadora Agata Christie tiene muchas células grises en su cerebro y resuelve sus casos ayudado de sus grandes conocimientos de psicología. Esta es la parte incongruente, pues, ninguna persona egocéntrica, vanidosa y megalómana tiene capacidad para ponerse en el lugar del otro, por lo tanto, sus conocimientos psicológicos son nulos. Miss Marple una anciana vive en un pequeño pueblo de Inglaterra y allí adquirió todo su conocimiento para descubrir a los asesinos. Me gustaría saber dónde está ese pueblo para no ir nunca.
Cuando se habla de ayuda damos por hecho que es un acto realizado por quien ofrece esa ayuda, pues bien, en ocasiones socorrer es no hacer nada. Veamos unos ejemplos: Adiciones como drogas, juego, alcoholismo, entre otras, necesitan dinero para compra sus efectos. Si nos piden ayuda económica, no darla es bueno para usted y para el adicto. Soberbia y tiranía. Si de manera altruista estáis ayudando a una persona, pero esa misma deja de pedir socorro y deduciendo de su lenguaje corporal veis que os está recriminando en silencio, no debéis hacer nada por ella. La razón es que se os esta pidiendo que traspaséis una linea, y si lo hacéis habrá dejado de ser una actitud altruista para convertirse en servil. Todo acto desinteresado hacia otros, debe ser de iniciativa propia, si hay una presión deja ya de ser libre, por lo tanto, en este caso como en los otros, no hacer nada es lo correcto, o dicho de otra manera, si lo hacemos, vamos a estar agravando el problema, de quien nos pide ayuda.
Adolfo Cabañero |