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Levantando la piedra
Al gran grupo el conocimiento de uno mismo no es algo que le atraiga, a lo largo de sus vidas, su energía no se encamina a descubrir por qué hacen lo que hacen, por qué están a veces mal humorados y otras alegres, por qué han nacido o si tiene sentido la existencia. Nada de esto entra en su proyecto de vida, porque lo ocupa el ganar cada vez más dinero, para poder comprar más cosas, hacerse dependiente de ellas y vuelta a empezar. A estas personas, no les interesa mejorar interiormente, sólo les atrae aparentar y para ello hace falta dinero. Como no pueden evitar la voz de la conciencia, la engañan con un par de frases: Todos tenemos defectos. No hay nadie perfecto. Esta masa, este gran grupo de gente, quiere vivir lo más cómodo posible, aunque no lo consigue, porque -su vivir lo mejor posible-, solo tiene en cuenta el factor biológico, dar todo lo que reclama el cuerpo pero, ¿qué sucede con sus emociones y mente?, que al no regirse por los mismos cánones, les dificulta la existencia. Es tal la ignorancia de los miembros del gran grupo, respecto al conocimiento de sí mismos, que en mi trabajo, al intentar ayudarles a encontrar esa paz que ellos ansían, se quedan sorprendidos cuando les digo que primero deben desprenderse de sus vicios y malas conductas. ¡Se sorprenden!. ¿En qué nivel se encuentran para creer que se puede tener tranquilidad interior sin deshacerse de sus defectos o vicios?. Echemos una ojeada rápida al ser humano y su sociedad. Vemos que ha logrado atravesar los mares, surcar los cielos en naves voladoras, crear redes de comunicación muy sofisticadas, lograr avances tecnológicos y genéticos muy preciados y de gran esfuerzo mental. Son conscientes de que se requiere un gran sacrificio para ser una figura cumbre en el deporte, o en cualquier otro campo. Si como estamos viendo el ser humano tiene capacidad para aprender, también la tiene para mejorar, entonces, ¿porqué no opta por ese camino?. La masa no es un grupo de pobres gentes engañadas por los políticos y grandes capitales, para empezar, esos políticos y grandes fortunas, surgen de gente que en el fondo, son masa. Ahora que ya hemos levantado la piedra, vamos a dejar que la luz haga su trabajo.
Hipocresía. A lo largo de la historia, personajes elevados nos han traído consuelo, y recursos, de hecho, el desarrollo de la civilización se debe a ellos. Sin embargo, a Jesucristo se le crucifica, a Pitágoras lo quemaron en su escuela, a Sócrates le obligaron a tomar la cicuta, Aristóteles y Platón tuvieron que exiliarse. Cientos de santos y hombres sabios fueron perseguidos, atormentados y aniquilados. Grandes artistas que pasaron hambre y científicos, incluso de hoy día, que pasan penurias económicas. Todos ellos son los que hacen posible que los demás vivan mejor. Pues bien, en ningún momento la gente del pueblo, la masa, se levantó para ayudarles, dejaron que la injusticia se cebara en ellos o peor aún, como en el caso de Jesús, fue el pueblo quien prefirió a Barrabás. Por el contrario, admiran y hacen millonarios a cantantes, deportistas y actores. Si la masa se está beneficiando diariamente del conocimiento que les dieron estos seres y por el contrario, no les ayuda y hasta puede obstaculizarles, a esto, se le llama Hipocresía. Necios. El ser humano tiene dos funciones vitales, una su propio ser y otra su colaboración social. El hombre masa ha dirigido todo su esfuerzo en el camino de lo social, en vivir de ojos para fuera, olvidando su ser, su psicología. Debido a este error, nuestra sociedad es tan corrupta. Lo que se debía hacer y el hombre masa no hace, es intentar comprender quien es esa persona que vive y sufre, entender los móviles que determinan sus acciones, para así, poder como individuo, crecer. Si todas las energías son puestas en función de progresar únicamente de manera social, ganar más dinero y status olvidando los valores internos, nuestra sociedad se irá corrompiendo cada vez más. Lo principal en una sociedad evolucionada sería potenciar el conocerse a sí mismo, para luego, proceder a mejorar. En segundo orden sería la función social. Ya hay que ser necio, para no ver que una sociedad formada por individuos que no buscan su propio desarrollo interno, sino su expansión dentro de los bienes de consumo, están formando una agrupación totalmente deshumanizada. De hecho, esa manera de ser es el origen de todos los males que aquejan a nuestra sociedad. De dónde creen que vienen los problemas de convivencia, ya sea en el propio hogar o en sociedad. Si el individuo se inclina más por el dinero que por su desarrollo espiritual, la sociedad será siempre corrupta. Egocéntricos. Hay tres frases que se oyen a modo de consigna entre la gente del gran grupo. Todos somos iguales. Todos tenemos defectos. No hay nadie perfecto. Estas frases que utilizan el todo y el nadie, excluyen la posibilidad de existencia de seres superiores a ellos. Ya han dejado el campo libre para poder seguir haciendo las cosas mal y sin cargo de conciencia. Hoy día los miembros de la masa aceptan la existencia de seres inteligentes fuera de nuestro planeta, lo aceptan, porque de existir, están muy lejos y nunca los verían. También saben de la existencia de grandes seres que figuran en la historia, ya sea como artistas, hombres de ciencia o de religión. No pueden negar su existencia, por lo tanto, los han metido en urnas con la etiqueta de raros y se han olvidado de ellos. Esta gente se extraña y hasta se vuelven incrédulas si alguna persona a fuerza de superarse a sí misma, es capaz de ver y comprender lo que ellos no pueden. No admiten, que todo conocimiento te lleva a determinadas conclusiones y que si una persona decide profundizar en su propio ser, llegará un momento en el cual verá y comprenderá lo que los otros, los que no han seguido su camino no pueden ver ni entender. Esto tan evidente, no lo admite el hombre masa. Saber que han existido grandes personajes y no querer imitarles.Conocer en su experiencia diaria que existen personas con ideales nobles y no desear alcanzarlos. Saber interiormente que su sociedad no funciona como debía y no hacer nada por cambiarla. Ver en su propia persona conductas equivocadas y no modificarlas. Cobardía, todo es cobardía. El miedo a no sentir el respaldo de la mayoría, a no tener una justificación ratificada por el mayor número de personas. Cobardía por no atreverse a salir del rebaño.
Irresponsabilidad. Al estar apoyado por el grupo, se puede vivir sin tener que bajar la cabeza ante los demás, porque esos otros hacen lo mismo. De esta manera se puede eludir la responsabilidad de los propios actos. De esta forma, el hombre masa puede colaborar con algo que en el fondo sabe que está mal, pero, cómo lo hacen también los otros, no tiene por qué preocuparse. Es cierto que el mundo tiene grandes desigualdades, pero, ellos no las van a cambiar, eso que lo hagan otros. Como por otra parte, los que de verdad podrían solucionar los problemas no están del lado de la política, ni tampoco de las grandes fortunas, no hay nada que hacer. Políticos y grandes magnates salen de la mentalidad del gran grupo, son elementos de la propia masa que han logrado sus objetivos económicos y de pseudo diferenciación. Los auténticos benefactores no reciben el respaldo de la masa, porque ésta, prefiere escuchar a sus opresores, sí, esos mismos que salieron del gran grupo y que ahora los ordeñan en su propio beneficio. Los escuchan porque les prometen poco esfuerzo y grandes logros y nunca les exigen cambiar para ser mejor persona. Todo esto lo olvida el individuo masificado, se mira en el reflejo de los demás y se limpia de culpa. Por qué voy a hacer yo algo que ellos no harían. Claro que, cuando es para ganar más dinero cambia radicalmente de opinión. Nuestra sociedad no se eleva por el peso muerto de tanta irresponsabilidad.
Intolerancia. Saben que fuera de su grupo hay personas con unos ideales y manera de vivir superior a la suya, pero, como son pocos y además ellos mismos no suelen salir de sus cauces, la oportunidad de encontrarse con ellos es mínima. Debido a esa circunstancia hablan de tolerancia, pero, he aquí que se encuentran con uno de ese grupo menor, aunque más ético, ¿qué sucede?. Que lo odian, es algo casi instintivo, ahí, frente a ellos hay una persona que vale más, que con su sola presencia está dando un ejemplo que ellos no desean seguir. ¿Qué deciden entonces? Si pueden, se deshacen de él y sino, se marchan ellos. Después, se enrolarán en cualquier ONG para callar sus conciencias o ayudarán a pedir derechos para los minusválidos, o étnias, según ellos maltratadas. Harán todo eso no con fines filantrópicos, sino para sentirse superiores, debido a la presencia del hombre bueno, que ellos no llevan dentro. En medio del grupo donde todos piensan lo mismo, nada mejor que agarrarse con uñas y dientes a esos slogan tan manidos como que: Todos tenemos defectos, nadie es perfecto y todos somos iguales. Es cierto que ni ellos mismos se lo creen, pero, de momento les sirve para salir del paso.
Compasión. A lo largo de la historia el gran grupo no ha demostrado ser compasivo y menos aún con aquellos que no pensaban como ellos. Sólo tenemos que recordar la crueldad de muchas instituciones sociales y sus normas, que más que normas eran condenas. Así, personas que nacieron con alma femenina y encarnaron en cuerpo masculino, se vieron atormentadas. También sufrieron injusticia las madres solteras, las viudas que debían llevar luto de por vida, aunque su difunto esposo las hubiera dado buenas palizas. Todas las calamidades sociales como la estratificación de castas, a las que no podía elevarse quien hubiera nacido de gente con menos recursos económicos y la esclavitud, que se mantuvo hasta hace sólo ciento setenta años. Todas estas desigualdades no se subsanaron por acción de la masa, que en sí misma era guardián celoso de sus normas, sino de esos personajes que siendo minoría, lucharon siempre por el bienestar y la justicia.
Envidia. El mayor signo de envidia en el hombre masa, es su afán en obtener cosas que previamente ha visto a otra persona, o bien, en tener más que los demás para distinguirse. Ese proceso anormal de singularización, es propio de los entes que viven en la masa y para la masa. Respecto al conocimiento, la envidia que sienten es de naturaleza diferente. Por un lado ellos mismos no se ven lo suficientemente aptos para seguir los pasos del saber interno, por lo que se olvidan fácilmente, de otro lado, no les atrae tanto como obtener cosas que brillen para así deslumbrar a sus semejantes. El hombre masa envidia más al que tiene dinero, que al que tiene inteligencia.
Maldad. Si una persona tiene conciencia de que su actitud frente al mundo perjudica más que beneficia y aún así, continua, no es por ignorancia. Si una persona niega la existencia de otros individuos superiores éticamente a él, sabiendo que en nuestro mundo hay más de 7000 millones de personas, no es por ignorancia. Si una persona dificulta la labor de los que quieren mejorar al individuo para así elevar el nivel humano de nuestra sociedad y por el contrario, escuchan a quienes saben les están estrujando, no es por ignorancia. Negar la existencia de personas superiores, es negar todo lo bello que el ser humano puede desarrollar dentro de sí. Quien reacciona de esa manera, no es por ignorancia. Si una persona no acepta que otra, en un constante esfuerzo se eleva a sí misma y por ello obtiene el resultado de su propio tesón, no es por ignorancia. Conclusión Como la única manera de solucionar un problema, es reconocer previamente que existe, he escrito esto porque de otra manera la gente no va a oírlo, verlo o leerlo. Lo medios divulgativos, como son televisión, radio, prensa e Internet, viven gracias al número de personas que les siguen y sobre todo, por la publicidad, por ese motivo, no van a decir que la mayoría se equivoca. Mantendrán el engaño de que sólo unos pocos perjudican la santa convivencia del pueblo, cuando hasta un niño de ocho años pensaría que si la mayoría estuviera formada por personas nobles, e íntegras, el mundo no sería el que vemos a diario. Adolfo Cabañero psicopedagogo y profesor de yoga |
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