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Demostración de la estupidez humana


Si ahora me pregunto. ¿Es un necio el ser humano?. Tendría que responderme que no, al menos si pienso en la totalidad, pero, si dirijo mi entendimiento a las masas, es decir a una mayoría, tendría que ser afirmativo y decir, sí, las masas son realmente necias. Dicho esto paso a demostrarlo.

Si miramos el ente humano vemos que sus mayores exponentes no son estas personas famosas, como cantantes, actores, deportistas o millonarios, sino aquellos que figuran en la historia como sabios o santos. Esto es así, porque estas personas valen más que la gente que puebla la masa y sus famosos de revista.

Entiendo por sabios a todos aquellos que quedaron en la historia o no, como libre pensadores, filósofos o escritores humanistas. Entiendo como santos aquellos otros que siguieron una vía devocional a través del amor que crearon en ellos y que a su vez les iluminó. Pues bien, es un hecho que todos los hombres sabios ya fueran de épocas distintas o de culturas diferentes, tenían una idea en común, que el sentido de la vida es conocerse a sí mismo, perfeccionarse como humano hasta llegar a niveles superiores de consciencia. Del otro lado, vemos que los llamados santos, todos ellos sin excepción, pensaban lo mismo que los sabios, que el sentido de la vida consiste en mejorarse como persona, en suma buscar la perfección.

En esta situación un humano medianamente inteligente, tendría que preguntarse quien tiene razón, si los sabios y santos o las masas.

Si ahora añadimos que un número muy grande de problemas que arrastran las personas que integran las masas, son de índole psicológico, como el estrés, la ansiedad, depresión, insomnio y dolores psicosomáticos, vemos claramente que esto sucede únicamente, por el total desconocimiento que el individuo masificado tiene de sí mismo.

En estadísticas de diversa índole, en las que había una pregunta clave como: ¿Cuáles son sus objetivos principales en la vida?. Solo una persona de cada mil dijo que su motivación principal, era convertirse en mejor persona, crecer interiormente.

Desde hace miles de años, las masas no han tenido como meta el conocerse a sí mismas.


El hombre que quiso ser nadie

En un mismo país, en una misma ciudad y en un mismo barrio, nacieron dos personas diferentes, una quiso ser alguien importante en la vida, el otro, todo lo contrario. Cada uno se esforzó en lograr sus objetivos y lo consiguieron, uno ganando mucho dinero y fama mientras que el otro, logró vivir con lo necesario.

Cuando ambos tenían 60 años coincidieron en un parque, se reconocieron de cuando eran niños del mismo barrio y el hombre que triunfó, no sin cierta superioridad le preguntó cómo le había ido en la vida y a partir de ahí surgió esta conversación:

-¿Cómo tú, que eras más inteligente que yo, solo has logrado salir a flote?,

-No creas que no me ha costado trabajo.

-¿Te ha costado trabajo subsistir?, preguntó extrañado el triunfador.

-Pues sí, no es fácil pasar desapercibido, al menos, para mí.

-Yo sin embargo, disfruto de todo lo que he obtenido, posición, fama y dinero.

-Sí, has logrado tus objetivos, ser importante ahí fuera.

-¿A qué te refieres?.

-Cuando me esforcé en no ser nadie ahí fuera, resultó que sin apenas darme cuenta, comencé a ser alguien ahí dentro. Mientras que tú, logrando ser alguien ahí fuera, terminaste con no ser nadie ahí dentro.

Entonces a Don importante se le oscureció el rostro y como si se le hubiera congelado la mente, dio tiempo al otro a continuar con su mensaje.

-Cuando me toque marchar de este mundo será fácil para mi, ya que no soy nadie ahí fuera, mientras que para ti, resultará doloroso y cuando mi espíritu se separe del cuerpo, mi nada, también desaparecerá y mi alguien, el de ahí dentro, se irá, pero en tu caso, tu importancia de ahí fuera desaparecerá y tu nada de ahí dentro, es la que se marchará.

 

Adolfo Cabañero