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Historias Budistas (El apego) Aquella mañana hacía mucho frío, no obstante, Ho Yuen Li, decidió ir a ver al gran sabio que vivía en lo alto de la montaña. Hacía tiempo que sabía que los seguidores de Buda definían la esclavitud como apego, no sabía muy bien por qué y como en su casa, lo que le decían, no le gustaba, iría a preguntárselo al hombre sabio. Dejó mensaje a una vecina para que les dijera a sus padres, si llegaban antes que él, que no se preocupasen, pues había ido en busca del sabio de la montaña. Ho Yuen solo tenía quince años, pero estaba ya formado, siendo un poco más alto que los chicos de su edad y ahora, con la energía que le daba la juventud seguía el sendero de la montaña. Pasaron seis horas y empezó a cansarse, ya había comido algo de arroz y pescado, pero, tenía prisa por llegar. Desde su pueblo la montaña no le pareció tan grande, además, el ascender por algunos senderos se hacía difícil en primavera, por el aumento de vegetación. Pensó si acaso no estaría haciendo el paseo el balde, pues, había oído que el hombre sabio no estaba siempre en su pequeña casa, también recordó que nadie le había visto la cara, daba sus consejos en la oscuridad. Aquello le inquietaba, aunque no por ello disminuyó su empuje. Dos horas después avistó una pequeña choza bien situada contra un lateral de roca cubierta de musgo. Según se iba acercando el silencio era lo único que percibía, empezó a maldecir el haber llegado hasta allí para tener que volver sin conseguir su propósito. Llamó a la puerta y está se abrió, en el interior las ventanas estaban bien cerradas, la penumbra era evidente. Una voz desde el fondo le dijo: Pasa, no temas, hace tiempo que te espero. Al oír esto el muchacho se sobresaltó, se estiró para darse ánimos, de cualquier manera, la fama de santidad y sabiduría de aquel hombre era notoria en su pueblo, todos hablaban bien de él, menos su padre, que simplemente, no lo hacía. Se sentó en un cojín que le indicó la silueta, no conseguía ver su rostro y según se le pasaba un pensamiento por la cabeza, el sabio le respondió: Es cierto que hay aquí poca luz, lo hago así porqué no quiero que sepan quién soy. - Pero usted es famoso, ¿por qué no quiere que le conozcan y le muestren su agradecimiento cuando le vean?. - Por la misma razón que te ha traído hasta aquí, por evitar los apegos y el peor de todos, es apegarse a sí mismo. El joven se sintió impresionado por aquel hombre y mezclando respeto y temor atinó a preguntar: ¿Apego y esclavitud son lo mismo?. - Lo mismo son, quien se apega a las cosas, se convierte en cosa, dificultad grande si se quiere ser libre. Ten en cuenta que los apegos nos vienen de fuera y de dentro. Los apegos de fuera son los ritos, el trabajo, el dinero y nuestro prestigio. - Pero sin los ritos y normas, no seria posible la convivencia, sin el trabajo, no podríamos comer, sin el dinero no podríamos comprar otras cosas necesarias y sin el prestigio no se podría ascender. - Es cierto, pero si los ritos y normas se hacen más importantes que la propia persona, esclavizan. Si el dinero se antepone al conocimiento y crea dependencia, lo mismo y si el trabajo se excede para adquirir cosas que luego no se utilizan, también. Y el prestigio, ¿qué es el prestigio?. - El prestigio, es lo que usted tendría si le conocieran. - Exacto. Entonces podría suceder que ese prestigio se antepusiera a mi persona, a lo que yo soy de verdad, que los demás vieran en esa fama algo de mí, que no soy yo y al final, mi verdadero ser se tuviera que sacrificar para dejar de ser el que es y convertirse en el que no es, esclavizando así mi libertad. Ho Yuen se quedó un rato pensativo, después preguntó por la esclavitud que venía de dentro. - Los apegos que nos viene de la propia persona, son el cuerpo, los sentimientos y la mente. Hay personas que habiendo nacido con un cuerpo muy bello, dejan de pensar en lo demás y viendo únicamente su cuerpo, su voluntad, que en realidad es su espíritu, termina subyugado por algo inferior, como es el cuerpo. Respecto a los sentimientos, las personas aún no han aprendido la lección, no saben reconocer entre querer y amar. Querer es poseer, mientras que amar, es liberar. Se hacen chantaje emocional los unos a los otros, diciéndose, si quieres que te quiera, haz lo que te pido, o bien, comercian diciendo, si yo te quiero cinco, tu me tienes que querer cinco, de lo contrario, no nos entenderemos. Y qué decir de la mente, la gente tiene su mente puesta en cosas feas, por lo tanto, pierde salud, pues la mente también se enferma y como se ocupa de cosas nimias, la persona se vuelven nimia y esto se debe a hacerla rodar sobre cosas que no tienen en sí mismo ningún valor, como disfrutar imaginando dinero, poder, sexo, gula, drogas, venganzas, y odios. Si la mente está dando vueltas a todas estas cosas, depende al final de ellas, no es fácil entonces controlarla y como lo que hace el hombre, primero está en su mente, termina haciendo lo que piensa. - Entonces, si tuviera usted que explicarlo con pocas palabras, qué definición daría del apego. - El apego hace esclavos a los seres humanos porque crea vínculos de dependencia. Depender de algo, es estar sometido a ese algo, así el bebedor está sometido al alcohol, el fumador al opio, el ruin a su dinero, el egoísta a su defecto. Todos los defectos son cadenas que traban el avance del conocimiento. El muchacho agradecido se quitó una sortija de bambú, muy simple, pero la única que tenía y se empeñó en que el hombre sabio la aceptase, la dejó sobre un pequeño banco y después pidió permiso para quedarse allí a pasar la noche. El hombre sabio aceptó. A la mañana siguiente le despertó la luz del Sol, las contraventanas estaban abiertas, no estaba su anillo ni tampoco había rastro del hombre sabio. En el camino de descenso, Ho Yuen pensaba si le había valido la pena subir hasta allí, pues, todo lo que le había dicho aquel hombre, lo había oído muchas veces en casa. Cuando llegó a su hogar notó que su madre le miraba de manera singular, aunque no supo interpretarlo. De noche se presentó su padre y mientras cenaban se dio cuenta que en uno de sus dedos, llevaba puesto el anillo que él regalo al hombre sabio. Después de comer, Ho Yuen se levantó y mirando a sus padres dijo: Es triste que a veces tenga uno que ir a buscar fuera, lo que tiene dentro. Tras esto se retiró, mientras sus padres se alegraban. Adolfo Cabañero |